| UNA CANCIÓN ENTERAMENTE HABANERA |
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| UNA CANCIÓN ENTERAMENTE HABANERA - Maria Teresa Linares |
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En los
primeros siglos que siguieron a la conquista y colonización españolas,
la transculturación de elementos de estilo motivó el mestizaje de
distintas culturas, dando lugar a nuevos productos en la música que ya
comenzaba a identificarse como cubana.
Consideramos, sin creer que exageramos, que el punto cubano, la guaracha y
la habanera cada uno con sus singularidades surgieron en los momentos
en que nacía nuestra nacionalidad, a finales del siglo XVIII.
La décima, usada como texto de cantos, ya se conocía antes de
la toma de La Habana por los ingleses (1762); la guaracha aparecía mencionada
en los bailes populares anunciados o criticados por artículos
de costumbristas en El Papel Periódico de La Habana y en El Regañón,
mientras que las habaneras se cantaban como cancioncillas hasta que, con su desarrollo
y expansión a mediados del siglo XIX, llegaron a la Península con
distintos nombres: canción americana, tango americano o, simplemente, tango.
El reconocimiento de que eran canciones llegadas de La Habana, produjo en España
el cambio de estos nombres diversos por el gentilicio habanera. Lo curioso pudiera
radicar en el hecho de que muchos extranjeros (Bizet, Glinka, Lalo, Saint Säens,
Ravel
) buscaron en ese país novedades para sus composiciones, y utilizaron
precisamente los ritmos y melodías de habaneras conocidas,
tomadas de la música española, aunque la siguieron denominando como
tales.
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Orígenes
Como capital de la Isla, La Habana era punto de convergencia de navíos
de la flota comercial entre los puertos de Europa y América Latina. Al
recorrer la costa atlántica americana, además de mercancías,
las naves conducían elementos culturales que se intercambiaban en la ida
y la vuelta con el mundo iberoamericano. Durante su larga estadía en el
muelle habanero, pasajeros y navegantes se divertían en sus alrededores.
Fuera de las murallas, en tierras ejidales, se habían asentado campesinos
que suministraban productos agrícolas a los habitantes de la ciudad, en
cuya expansión participaban los sectores humildes. Gracias a ellos surgieron
lugares de diversión como los "bailes de cuna", de los cuales
El Regañón de La Habana dice "que había más de
cincuenta".
En estos bailes se interpretaban danzas originales de España, pero también
se introdujeron el minuet, la contradanza, el vals y la polka, transculturados
con elementos criollos y que recibieron el nombre de minuet afandangado (o dengue)
y contradanza criolla. En muchas de estas contradanzas se reconoce el ritmo de
habanera en el acompañamiento, así como la presencia en la
melodía de su segunda parte de algún tema de habaneras o
guarachas de moda.
Y es que el inicio de la habanera en Cuba pudo tener alguna relación
con el de las guarachas y las contradanzas.
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Habaneras y guarachas
Aparecen muchas partituras en las que tanto la estructura formal de la melodía
y el verso, como de los ritmos acompañantes y el acompañamiento
armónico, son similares entre la habanera popular y la guaracha. Esta última
se usaba en las piezas teatrales de principios del XIX, desempeñando una
función similar a la que tenían las jácaras de las tonadillas
y sainetes españoles que ocuparon los programas teatrales de parte del
siglo XVIII y las dos primeras décadas del XIX. Estas semejanzas sólo
se distanciaban en los textos, pues las habaneras eran líricas, amorosas,
"con una languidez que invita a la molicie", diría un cronista,
mientras que la guaracha contenía el humor criollo, la picardía,
la crítica social y, a veces, frases intencionadas que indignaban a los
costumbristas. Muchas guarachas también resultaron de la parodia de una
canción conocida, razón por la cual esta semejanza estructural estaría
más que justificada.
Al igual que la guaracha, la habanera expresó una forma muy peculiar
de cantar textos sencillos, asumiendo la expresión del castellano que se
hablaba en Cuba y cuyas entonaciones, acentos y estructura silábica coincidían
con la estructura melódica. El ritmo acompañante era más
destacado al ser ejecutado por la guitarra sola o en dúo ,
dando como resultado una canción raigalmente cubana. Su fuerza de expansión
la llevó a casi todos los países latinoamericanos y a España,
donde fue identificada como canción habanera, aquella que los emigrantes
a su regreso calificaban como tango americano.
La relación música-texto y la fuerza percutiva de la división
silábica, así como el factor de duración de los sonidos,
definen la naturaleza y carácter de la habanera y la guaracha, las cuales
usan de modo general el octosílabo y cuya estructura musical queda definida
por los factores anteriormente apuntados.
Esta relación la encontraremos en toda la música cubana en la
que el texto ejerza la misma función. Así, al ser generalmente octosílabos
los textos de las guarachas y habaneras, muchos autores usaron melodías
(o líneas de canto) de las más conocidas en sus contradanzas, danzas
y danzones, ya que estas piezas bailables tienen rigurosamente ocho compases (o
múltiplos de ocho) en las partes. Es fácil encontrar ejemplos de
ambos estilos de canción que coinciden exactamente en su estructura metro
rítmica y melódica.
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Habaneras y contradanzas
En las contradanzas se utilizaron melodías de habaneras y guarachas
de moda. A partir de 1860 se publicaron más de veinte caricaturas en las
marquillas de cajas de cigarros, con la música de la contradanza impresa
en el dorso. Fueron muy conocidas las contradanzas No me gusta, Si, me gusta,
Suénatelo pintón y Suelta el peso.
A mediados del siglo XIX, en España se había popularizado tanto
la contradanza criolla que un historiador comentaba: "
hoy se baila
mucho en Madrid, donde es distinguida con el nombre de Habanera". Y de hecho,
en Cuba fueron compuestas muchas contradanzas con acompañamiento de habaneras,
así como también muchas habaneras instrumentales que fueron bailadas
con un tempo más lento, más pausado que el de las contradanzas y
sin las figuras que distinguían las partes de éstas: paseo, cadena,
sostenido y cedazo.
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A fuerza de tradición
La primera publicación de una habanera es la que comenta la investigadora
Dra. Zoila Lapique en su libro Música Colonial Cubana (La Habana, 1979,
p.141). Apareció en La Prensa, el 13 de noviembre de 1842, presentada de
esta manera: "El amor en el baile. Nueva canción habanera puesta en
música con acompañamiento de piano por un Vuelta-Adentro C.P.".
Es decir, parece que existían otras habaneras anteriores que no se habían
"puesto en música" ni publicado. Por vía de la tradición
oral, recogimos varias que tienen muy bellos textos, incluso en forma de décima,
como es el caso de A mi no me gusta el coco
Esta habanera regresó a España y, en ocasiones, se ha usado su
décima para cantarla con melodías del punto de La Habana, que también
ha regresado a ese país y ha tomado el nombre de guajira entre los cantos
flamencos.
Otras habaneras tenían carácter patriótico, como una canción
de despedida de un prisionero que habían desterrado a las Islas de Chafarinas
o Fernando Poo. De otra habanera patriótica conocí, también
por tradición oral, la leyenda de una mujer que escondió a varios
mambises durante la Guerra de 1868 y les facilitó la fuga. Ella fue detenida,
juzgada y se le condenó a pena de muerte. En la movilización que
hizo el pueblo a su favor, alguien compuso una canción habanera y se la
enseñó a su pequeño hijo para que la cantara ante el Capitán
General, Conde de Balmaseda. La esposa de éste, enternecida, le pidió
que perdonara la vida a la madre mambisa, y gracias a ello la condena fue conmutada
por cadena perpetua. Fue amnistiada luego de la Paz del Zanjón. Esa canción
era muy conocida en el ámbito de los cubanos patriotas durante las dos
guerras de independencia, iniciadas en 1868 y 1895.
Obtuve el testimonio de dos ancianas que eran sobrinas-nietas de la mambisa,
así como de boca de mi madre, que la cantaba siendo niña, además
de que su texto aparece en un cancionero impreso en 1879, en Madrid, en los talleres
de M. Minuesa. Una nota al pie afirma: "Esta canción (La Presa) la
cantó en palacio un niño de 8 años al conde Balmaseda y su
señora esposa. Compadecido, puso a la madre en libertad".
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Habaneras y zarzuelas
El temprano regreso a España de la habanera se debió fundamentalmente
a la afición y el recuerdo nostálgico que, por La Habana, sentían
los emigrantes a su vuelta. A ello se añade la visita de músicos
españoles como Joaquín Gaztámbide y Sebastián Iradier.
Éste último estuvo varios años en La Habana y, luego, en
México. Compuso muchas habaneras, entre ellas La paloma, quizás
la más conocida en el ámbito internacional. Otra habanera de este
autor, El arreglito, fue utilizada casi textualmente por Bizet en su ópera
Carmen.
Con el gran desarrollo que alcanzó la zarzuela española en el
siglo XIX, luego de esos primeros éxitos, los autores españoles
incluyeron en sus zarzuelas una habanera. Casi enseguida que se estrenaba una
zarzuela en España, alguna compañía la traía a Cuba
y aquí se popularizaba de inmediato. Conocí ancianas de La Habana
que cantaban la habanera de la zarzuela Los hijos del Capitán Grant como
si fuera cubana, y otras que consideraban como habanera campesina, o de ingenio,
la Habanera del Café de la revista El Certamen Nacional, cuyo estribillo
dice: "Cariño! . . ./ no hay mejor café / que el de Puerto
Rico
".
Las compañías de zarzuelas que visitaban La Habana seguían
las rutas de las flotas comerciales, por lo que esta Habanera del Café
ha sido mencionada por Carlos Vega (Música sudamericana, Buenos Aires,
1946) y por Luis Felipe Ramón y Rivera (La canción venezolana, Maracaibo,
1972).
También la emigración de cubanos durante las guerras de independencia,
llevó elementos de la canción habanera a Ciudad México, Veracruz
y Mérida, por lo que allí es conocida Te vas y a la mar te alejas,
que, según el maestro Rubén F. Campos (El folklore en las ciudades,
México, 1930, p. 193), fue llevada por los bufos cubanos cuando tuvieron
que emigrar en 1869 luego de los sucesos del Teatro Villanueva. Por tradición
oral, supimos que también fue muy popular durante la Guerra de los Diez
Años (1868-1878). Otra conocida en México, y también en Venezuela,
es Me gustan tus ojos negros, mencionada por Campos y por Ramón y Rivera.
Los archivos de los teatros Tacón y Albisu estaban repletos de partituras
de zarzuelas que se ejecutaron muchas veces en Cuba y que los habaneros conocían
sobradamente. Esto permitió que muchos cantantes líricos interpretaran
en sus programas estas habaneras de zarzuelas españolas, y que compositores
cubanos incluyeran en sus obras una habanera.
La influencia de los compositores españoles de zarzuelas se sintió
en muchos autores cubanos que realizaron obras con temas, personajes y música
nacionales, apareciendo habaneras en Valenzuela (La mulata Rosa), Ignacio Cervantes
(El submarino), Manuel Pérez de la Presa (Los Saltimbanquis), José
Marín Varona (El hijo del Camagüey) y en el siglo XX, Ernesto Lecuona
(La Plaza de la Catedral). También Jorge Anckermann compuso una habanera
titulada Flor del Yumurí, que se cantó siempre en un estilo libre
de canción.
Otro autor que se hizo muy famoso como compositor de habaneras fue Eduardo
Sánchez de Fuentes, quien en 1892 compuso la mundialmente famosa habanera
Tú, además de compendiar un Álbum con más de quince
habaneras entre las que destacan: Mírame así, Íntima, Los
Aguinaldos, Cuba y muchas otras bellas páginas.
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| Habaneras y boleros
En Cuba, la habanera tuvo su desarrollo y expansión en el siglo XIX.
La relación de la música con la palabra del texto motivó
la combinación frecuente de cinco notas en un compás de la melodía.
Su acompañamiento guitarrístico enfatizaba el ritmo de tango que
la distinguía; sin embargo, las formas de tañer estos acompañamientos
con desplazamientos rítmicos al realizar los rayados o acordes rasgueados
fueron cambiando el bajo tradicional por el cinquillo cubano que comenzó
a identificar el bolero. Se han encontrado partituras en las que se evidencian
estos cambios, que ya se van denominando boleros. Estos cambios ocurrieron con
los llamados boleros de Manzanillo, de Camagüey y de Santiago de Cuba. Algunos
de estos boleros se incluyeron en piezas teatrales de autores cubanos.
El bolero tomó más fuerza en la voz de trovadores que cantaban
a dos voces y dos guitarras, muchos de ellos autores de sus canciones. Y así
fue sustituyéndose la habanera popular por este nuevo estilo de la canción
cubana.
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Habaneras en el siglo XX
Los musicólogos españoles le han llamado "cantes de ida
y vuelta" al hecho de regresar a su país natal géneros nacionales
que fueron estructurados con elementos de estilo de la música española
que vino con los colonizadores. Hay estudiosos hispanos que organizan festivales
en varias ciudades: Torrevieja, en Alicante; Campos de Mayorga, en Valladolid;
Palafrugell, en Girona, además de haber numerosos grupos musicales en el
país vasco, en Asturias, Galicia
Estos grupos tienen un amplio repertorio de habaneras tradicionales y de otras,
creadas por autores contemporáneos. Es fácil encontrar también
la adaptación de bambucos colombianos como Lucero de mis noches, de Francisco
Suárez Garabito, y Guarda esta flor, la canción más famosa
del autor mexicano Melesio Morales. Esta canción fue cantada en Cuba con
su estilo original durante el siglo XIX y aparece en cancioneros como La Mexicana.
En España se han publicado valiosos volúmenes con partituras y textos
de las habaneras conocidas.
En Cuba, sólo se divulgaron y alcanzaron gran fama las habaneras Veinte
años, de María Teresa Vera, y Mariposita de primavera, de Miguel
Matamoros. Otras, como La rosa roja, de Oscar Hernández, pronto se les
cambió el ritmo al ser interpretadas como boleros por casi todos los trovadores.
En el Movimiento de la Nueva Troya se conoce una bella composición de Silvio
Rodríguez titulada En el claro de la luna, que resulta una habanera contemporánea
con los valores de la tradición más definidos.
Durante los Festivales de Habaneras que se han venido celebrando con la intención
de revitalizar el género, se efectúan concursos de composición
e interpretación, lográndose con ello algunas canciones de muy buena
factura que no han sido promovidas ni divulgadas.
En la actualidad, este estilo de canción ha pasado al género
lírico y se interpreta como una canción de concierto por voces cultivadas.
Maria Teresa Linares
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