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RESEGÑA SOBRE INSTRUMENTOS
MUSICALES CREADOS EN CUBA
Maria Argelia Vizcaino |
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Y surgieron entonces orquestas de negros
en todas las dotaciones,
variadísimos instrumentos que levantaban
frenéticas oleadas de entusiasmo (Israel Castellano).
Parte I - Los tambores afrocubanos.
El primero en hacer un análisis metódico de los instrumentos
de ascendencia africana surgidos en Cuba fue Israel Castellanos,
que publica en 1927 "Instrumentos musicales de los afrocubanos".
Después, en 1952, Fernando Ortiz amplió la información
precisando el origen de los mismos con "Los instrumentos de
la música afrocubana", que abarcó 5 volúmenes.
Pero antes, en 1951 y bajo el título de "La Transculturación
blanca de los tambores de los negros", el mismo Ortiz realizó
un excelente trabajo sobre los tambores creados en nuestra patria
por los afrocubanos. Él tuvo que remontarse al origen primitivo
de los mismos y seguirlos en su evolución para llegar a su
apariencia actual.
Todavía no ha quedado claro el nacimiento del tambor, si
en Egipto o en Africa (negra) o viceversa, donde aparecieron papiros
con negros bailando y tocando un tambor (membranófono) en
escenas de funerales de las dinastías desde el siglo XX a.C.
Al principio del cristianismo el tambor era considerado pagano
y sólo se usaron por los acróbatas, vagabundos y los
que conservaban el folklore. España tuvo tambores introducidos
desde Africa por los árabes, beréberes y moros, que
en la conquista fueron llevados por sus tropas, como aquellos militares
de la Edad Media que introdujeron en el viejo continente los tambores
de gran tamaño, que conocieron de los sarracenos y estos
a su vez de los africanos.
Por lo que los españoles desde antes del siglo XV usaron
de la tradición militar "negra" los timbales de
caballería, que consistía en tambores de dos cajas
llevados por animales de carga en los batallones, de ahí
los pasaron a las cortes reales y a toda clase de ceremonias civiles
y religiosas. Sin embargo, los atambores, como eran llamados los
tambores de una sola caja, desde el siglo XIII fueron instrumentos
de música cortesana.
La primera noticia que se tiene de los tambores en Cuba es reflejada
en un acta del cabildo habanero del siglo XVI, donde nombran a Juan
Emberas, recibiendo 36 ducados anuales por tocar el tambor en cuanto
viera una nave a la vista, "desde la roca donde en 1590 se
alzó el Castillo del Morro" (Natalio Galán, Cuba
y sus sones). Ese tipo de tambor llegó con el primer contingente
militar español a la isla.
Pero ya nuestros aborígenes contaban entre sus instrumentos
musicales con un tambor idiófono, como escribió Gonzalo
Fernández de Oviedo en 1851, "hecho de un madero redondo,
hueco, concavado, e tan grueso como un hombre e más o menos
(...) suena como los atambores sordos que hacen los negros; pero
no le ponen cuero, sino unos agujeros e rayos que trascienden a
lo hueco (...) el atambor ha de estar echado en el suelo, porque
teniéndolo en el aire no suena". A éste Helio
Orovio en su Diccionario de la Música Cubana le nombra "Mayohuacán"
especificando que es un tambor xilofónico que tocaban los
behiques (sacerdotes) y "se percutía con baquetas".
Castellanos nos dice que en 1839 el gobernador Ezpeleta dio la
orden de ofrecer licencia libre para hacer instrumentos musicales
en la isla, y ahí es que el africano, salvajemente
transportado para trabajar como esclavo impone la mayor influencia
en la creación del tambor cubano. Aunque ya percutía
su tambor en su tierra, tuvo en América que reinventarlo
con las maderas y cueros que encontró, para poder seguir
practicando sus creencias y tocarle, cantarle y bailarle a sus dioses.
Un poco antes de autorizarlos ya habían creado algunos, como
los tambores de origen bantú llamados de "Yuka"
que son tres (Caja, Mula y Cachimba); o los de origen dahomeyanos-arará
"Tahona", que acompañaban a la variante de la rumba
que lleva este mismo nombre; Don Ortiz menciona los Bocú
como un membráfono de cuero lavado de caja abierta usado
en "rituales Orilé (cruzado en Oriente)"; la "Tumba
Francesa" que introdujeron en la provincia oriental los esclavos
que emigraron con sus colonos franceses de Haití con los
tambores Premier o Redublé, Second y Bulá o Bebé,
también la Tamborita o Catá Tambora para el toque
o baile Mazún; quizás los más importantes han
sido los de origen yoruba, los tan famosos tambores "Batá"
que también son tres: el "Iyá", "Itótele"
y "Okónkolo" que hemos visto que desde 1930 Gilberto
Valdés los llevó en su "estado bruto" a
las orquestas.
Por eso el laureado escritor Guillermo Cabrera Infante nos explica
en el prólogo del fabuloso libro de Natalio Galán
"Cuba y sus sones": "La riqueza rítmica africana
se hizo en América caudal sonoro y los tambores que hablan
yoruba se convirtieron en Cuba en tambores que cantan cubano con
diferentes voces: los bongós, la tumbadora y la conga son
tambores que están en todas las orquestas modernas de jazz,
de baile de salón y de salón de baile, de música
de película, de música sinfónica y aún
en la música de cámara como en las Rítmicas
de Roldán, compuestas en 1929 (...) Esos tambores cubanos
resuenan en toda disco music ahora".
Después de creada la secta secreta Abakuá (1836),
de procedencia carabalí, ellos introdujeron a sus ritos un
trío de tambores llamados "Nkómo o Enkómo":
1- "Binkomé, Biankomé o Bincomé",
2- "Kosi Yeremá o Kuchi yeremá", 3- "Biapá
u Obi-apá", que Castellanos nombró Bencomo, Cosilleremá
y Llaibillembi. También tiene cada jefe o responsable de
algo en la potencia el suyo, como los tambores Sese; Mpegó;
Ekueñón y Nkríkamo. Desde luego el más
importante es "Ékue" y el "Bonkó"
que hace las veces de Ekue en las potencias Efik, que no se percuten
sino que se frota una varilla que se apoya sobre el parche produciendo
un sonido bronco. El más misterioso es el "Bakri"
hecho con un cráneo humano que en algunas ocasiones sustituye
al ékue. Ellos nombraban a todos sus tambores "bongó",
quizás de ahí es que nace en los albores del siglo
XX, el nombre que se le da al más auténtico y famoso
instrumento cubano que en este ciclo le contaremos del mismo y de
otros más.
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Parte II .Conga, Tumbadora, Bongó e Pailas.
El blanco aprendió del negro algunos
de sus bailes lascivos,
y por eso al lenguaje vulgar pasaron los vocablos nominativos
de danzas e instrumentos negros (bembé, cumbé, bongó,
etc.)
(Fernando Ortiz, Los afronegrismos de nuestro lenguaje, 1922)
Son variados los instrumentos creados por los afrocubanos en nuestra
patria para tocar su música religiosa. Además de los
tambores mencionados en la Estampa anterior, construyeron varios
tipos de marugas o maracas y según la Dra. Sanjurjo, los
negros afrofranceses trajeron la "Marímbula" (no
confundir con la marimba) que produce tres o cuatro notas destacando
"la armonía con la persistencia de bajo continuo"
usándose en la música popular; los de procedencia
carabalí crearon el "Ekón" especie de cencerro;
y entre los de procedencia bantú se destaca el "Tingotalango"
o "Tumbadera" que Angeliers León en "Del canto
y del tiempo" describe como "una rama flexible, clavada
en la tierra, que, arqueada, pone en tensión un alambre o
un cordel que se sujeta de una lámina vegetal (yaguas) o
de latón; ésta va fija al suelo, tapando un hoyo practicado
en la tierra, a cierta distancia del arco tensor", el alambre
en posición vertical se golpea con un palo en una mano y
con la otra apoyada en el bejuco arqueado se "modifica la tensión
y obtiene sonidos de diferentes alturas".
Pero los instrumentos de influencia afrocubana que más se
construyeron fueron los tambores que se impusieron en la música
popular, destacándose la Conga, la Tumbadora, el Bongó
y las Pailas.
Debido a la configuración y quizás el nombre se confunden
el llamado Tambor Congo o Tumbadora con el tambor Conga. Como indica
su nombre son procedentes del Congo o sea, de la Regla Bantú.
Los llamados Congas como sus primos hermanos tambores Yuka, son
tres: Tumba o Tumbadora (aunque para algunos es Conga Bajo); Llamador
o Conga (que es el tambor intermedio) y Quinto o Requinto (este
último es el más pequeño que da un sonido agudo,
y es el preferido para la improvisación). Casi siempre hechos
de duelas y flejes de hierro. Don Ortiz las describe como "de
un metro de largo, algo abarrilados, abiertos con una sola membrana
de buey y fija por clavazón". Se emplean en las rumbas,
especialmente en el Guaguancó y las Congas callejeras, por
eso quizás dieron nombre a este género musical o viceversa.
Del Bongó decía Ortiz en "De la Rumba y el Bongó
en polémica", en 1936, que "es un instrumento mulato,
muy moreno, creado por el genio cubano (...) El bongó es
creación de Cuba libre", agregando en el mismo párrafo:
"surge cuando la música mulata, engendro de su madre
Africa y su padre peninsular, pueda ya alternar sin esquiveces,
reclamar derechos y exhibir sus valores".
La Dra. Pérez Sanjurjo los describe como "dos cascos
hechos de madera, que se unen por el medio de ellos, y que encima
tienen unos cueros estirados, y el sonido se les saca golpeándole
el centro o los bordes. Se usan diferentes tamaños, pero
por lo general uno es de ocho pulgadas de lado a lado, y el otro
más pequeño de seis pulgadas. (...) Esos dos tambores
se colocan entre las rodillas, con los cueros mirando al frente,
quedando el Bongó grande a la derecha del que lo toca y el
chico a la izquierda".
Poco antes de nacer el Bongó se habían creado las
Pailas, indispensables en todos los conjuntos o charangas que toquen
un Danzón, que Galán asegura que se reafirmaron desde
la Danza: "Afinados en tónica y dominante y utilizando,
tanto su piel en tensión como la concavidad de sus pailas
de cobre". Si el primer Danzón lo estrenó Miguel
Failde en la provincia de Matanzas el 1ro. de enero de 1879, con
el título "Las alturas de Simpson", se puede asegurar
que ya las Pailas se estaban usando antes de ese año, como
dice Galán, "sustituyendo al tímpani".
En el diccionario de Helio Orovio las tiene como un instrumento
diferente a los Timbales criollos, pero para mí son lo mismos.
El Timbal clásico es una especie de tambor de un solo parche,
con caja metálica en forma de media esfera, que se tocan
los dos a la vez con unos macillos de madera con cabeza envuelta
en fieltro o en cuero o esponja. Los nacidos en Cuba son distintos.
Comprende dos cajas metálicas con parches de cuero, unidas
en el centro por un pie de metal. El tambor más grande mide
14 pulgadas y el otro es de trece, este último se coloca
a la izquierda del que lo toca (igual que el Bongó) y se
golpea con una vara de 12 pulgadas de largo, generalmente sin envolverle
nada en su cabeza.
Posiblemente estos timbales cubanos usaron el nombre de un tipo
de sartén que se le llama paila o de las pailas de los ingenios
azucareros o de las fábricas de sal, para diferenciarlos
de los clásicos, o lo más probable es que como el
cubano usa el vocablo timbales con doble sentido para
señalar una parte de los órganos genitales masculinos,
optaron por usar la definición de pailas para
evitar malicia.
En lo que sí está claro Orovio es que asegura que
surgió como transformación del tímpani dentro
de las Charangas que interpretaban el Danzón cubano. Él
le otorga el "sello de tipicidad", yo se lo otorgaría
también en este caso al Bongó. Por algo Ortiz dice
que "es en Cuba republicana cuando se ha impuesto el bongó,
que no era tañido en los Cabildos de nación,
ni aún hoy día se repica en las santerías de
la paganidad cubana" y la Dra. Sanjurjo enfatiza que "es
indispensable en los conjuntos típicos cubanos".
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Parte III - Le Maracas.
Es curioso observar que instrumentos de percusión
como
el redoblante y tambor militar, pandereta y castañuela,
no llegaron a funcionar en conjuntos populares urbanos y hacerse
tan indispensables como maracas, claves, congas, etc.
(Natalio Galan, Cuba y sus sones).
No sólo los tambores fueron confeccionados por nuestros afrocubanos
y criollos (que se utilizaron en las liturgias religiosas de los
primeros y en las orquestas populares de los segundos), también,
como escribió el Dr. Cristóbal Díaz Ayala en
"Música Cubana, del Areyto a la Nueva Trova", se
halló que los nativos ya tenían entre sus instrumentos,
además del "Mayohuacán" que es el
tambor ahuecado sin parches o membrana y unas "olivas
sonoras", los "guamos o trompas del caracol llamado Cobo
(Strombus Gigans), así como silbatos de piedra y cerámica
y hasta una pequeña flauta hecha de un hueso de ave".
Pero el más importante, sin lugar a dudas, de todos los
instrumentos musicales usados por esta raza criminalmente eliminada
fue la Maraca, "hecha del calabazo o güira" que es
como bien dice Díaz Ayala "el único instrumento
aborigen, además de la voz humana, que nos acompañará
en estos casi quinientos años de devenir musical".
En el diccionario de Helio Orovio aparece la maraca en dos clasificaciones:
la aborigen y la cubana. De la de los indocubanos cuenta que está
"formada por dos tallos de magüey así con
diéresis (planta, llamada también Pita), adheridos,
que contienen piedrecillas en su interior". De la que nombra
cubana dice que "no es oriunda de Cuba, ya que pertenece a
la familia maraquera universal (...) Los indios antillanos las sonaban
en sus músicas".
La Dra. Elena Pérez Sanjurjo en su jugoso libro "Historia
de la música cubana", escribió que las maracas
"son unas güiras secas que pueden ser ovaladas o redondas
y se les agrega un mango para manejarlas mejor. Cuando se preparan
para sacarle un sonido fuerte y grave, se les ponen dentro semillas
de aceitunas, y cuando se quieren sonidos suaves se les ponen dentro
perdigones o semillas chicas" (Eso de los perdigones y las
semillas de aceitunas tienen que habérselos agregado después
de la colonización, quizás un poco antes de usarlas
para la música popular). En las tribus taínas solamente
la podía usar el behique, sacerdote o médico hechicero,
para comunicarse con deidades que le traía prosperidad
"mucho tiempo después es que se usan como instrumentos
rítmicos en las orquestas típicas, siendo indispensables
en las Rumbas, Congas, Boleros y Guarachas (...) El sonido que se
les debe de sacar es igual al que llevan los timbales cuando se
golpea por los lados", especifica la doctora.
Don Fernando Ortiz
Desde el siglo XVI, debido a la escasez de instrumentos musicales
que se traían de Europa, se comenzaron a usar las maracas
en las misas católicas "junto a otros instrumentos creados
en la Isla", como explicó airado el cronista José
María de la Torre.
En Cuba además es usada una parecida en los ritos de algunos cultos
sincréticos, como en Regla Ocha Yoruba-Lucumí el "Anakué"
(maruga metálica) y el "Agógo" que son unas campanillas
para evocar a sus "orishas"; los ñáñigos-abakuá
construyeron el "Erikundi" (sonajas); los de procedencia arará-dahomey
tienen otro tipo de maruga llamada "Assongué"; y en las Tumbas
Francesas de Oriente usan una clase de maruga metálica de cuerpo cilíndrico
con tapas planas en los extremos y un mango insertado en su parte central, adornándose
con cintas multicolores, que se le conoce como "Chachá". Existe
además el "Chekeré", considerado a veces como un tipo
de maraca, aunque se fabrica con un güiro bien grande que debe estar seco
y hueco, y a diferencia de las maracas su interior está vacío (en
ocasiones también se crea con una calabaza grande), la gran sonoridad que
se le saca al sacudirla de distintas formas con las manos, es porque se envuelve
exceptuando sus extremos de una red o malla de cordeles que tiene
insertado unos cauris (caracoles). A partir de 1970 el Chekeré se hizo
muy popular en las orquestas de la Isla y como de costumbre se exportó
su tradición.
Por lo que es cierto que en todas Las Antillas donde habitaban
tribus de taínos existía ya la maraka o maraca, pero
fue el criollo cubano el que introdujo las dos en su música
autóctona, empezando por sus guateques guajiros e incluyendo
sus orquestas urbanas.
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Parte IV - Le Claves, il Güiro, il Calabazo e il
Cencerro.
En esta etapa primigenia claves, güiros
y algún atabal prestaron su lógica,
no existente en Europa, desarmonizando rítmicamente
con la melodía única que la componía (Natalio
Galan).
En un párrafo del capítulo II de "La Música
en Cuba", Alejo Carpentier comienza diciendo: "Es indudable
que, desde muy temprano, América comenzó a crear una
música de expresiones muy diversas de acuerdo con
los factores étnicos puestos en presencia". Es por eso
que digo que debido a esta inquietud musical y a la escasez de instrumentos
que se traían de Europa, nuestros criollos tuvieron que inventar
los propios, para poder crear música con "fisonomía
propia", como le llamó el mismo Carpentier. "Cuba
añadió las claves, instrumento originado en La Habana,
cuyos palitos sonoros eran, primitivamente, las claves
o clavijas de madera dura que se usaban en el ensamblaje de las
naves, según lo ha demostrado Fernando Ortiz". Y después
agrega Carpentier: "el ritmo de las claves como inteligentemente
lo ha observado Emilio Grenet, es el único que puede ajustarse
siempre, sin variantes, a todos los tipos de melodías cubanas".
La Dra. Pérez Sanjurjo nos dice que "se puede decir
que es el instrumento que dirige los pasos de los bailadores",
de ahí su gran importancia en todo ritmo bailable creado
en Cuba.
Galán aclara que es a finales del siglo XVII que las claves
"añadieron su timbre en los conjuntos populares, cuando
La Habana comenzó a definirse como un arsenal, donde el negro
esclavo gustó del sonido de las clavijas de ácanas
que fijaban el maderamen de los barcos a modo de clavos".
Por lo que confirmamos que para el 1700 ya los cubanos contaban
con tres de sus instrumentos más originales: las claves y
las maracas, además del Güiro.
En el diccionario de Helio Orovio dice que el Güiro posiblemente
proceda de la música bantú "aunque no se puede
desechar la idea de que los amerindios lo utilizaron". Como
hemos observado en su obra, a este instrumento también lo
confunde (como los timbales se interpreta que son distintos a las
pailas), escribió que se le ha llamado calabazo o guayo,
y en realidad son instrumentos diferentes. La Dra. Sanjurjo explica
que el Güiro se fabrica de un güiro alargado y seco, que
se profundizan unas rayas al frente en forma de canales horizontales
para rasparle o frotarle una varilla de madera dura o de metal.
El sonido con el metal es más vibrante y con el palo es más
suave. Se sujeta por el dedo pulgar de la otra mano que se introduce
en un hueco que se le abre en la parte de atrás. Los sonidos
que se produzcan al ser ejecutados, o sea, al frotar la varilla
por entre las canalitas de uno o dos milímetros de separación,
debe combinarse con el golpe de las claves. En algunos casos a falta
de claves se percute por la parte de atrás para sacar el
sonido de éstas.
Del Cencerro dice Ortiz "imitación criolla del Ekón
ñáñigo", por lo que fueron los afrocubanos
de procedencia carabalí los primeros en usarlo. "Es
simplemente un cencerro de los que el mercado ferretero vende para
el ganado, a cuya campana se le ha quitado el bandajo, y se percute
desde el exterior con una baquetilla de metal o de madera dura".
Ortiz también aclara que ofrece dos sonidos distintos dependiendo
el lugar por donde sea percutido: "alto si en su parte más
estrecha, junto al mango o asidero, y bajo si en su borde ancho
y perímetro de su abertura".
La Dra. Pérez Sanjurjo especifica que a veces "para
ritmos cubanos se usan dos Cencerros, uno grande y otro más
pequeño, que se colocan en los bordes de los timbales.(...)
Es una guía importante para los otros instrumentos de ritmos,
ya que controla a los que toman parte en los conjuntos". En
algunos lugares le nombran al mismo Campana, y otros creen que ésta
es diferente al Cencerro.
Existen muchos más instrumentos que se usan en la música
cubana pero los que le mencionamos son los de mayor popularidad
dentro de los autóctonos, incluyendo a la Botija o Botijuela,
que en sus días fue el instrumento que sustituyó al
bajo. Consistía en una botija de barro de las que importaban
el aceite "con una perforación o agujero pequeño
en uno de sus lados, por el que se sopla, mientras con el movimiento
de una de las manos introducida por la boca, se modifica el sonido,
que sirve de acompañamiento al resto del conjunto" (Ortiz,
Los instrumentos de la música afrocubana, 1952).
Con razón decía Galán: "La facilidad
del cubano para percutir en cualquier superficie y obtener un diálogo
entre sus dedos, un chachareo rítmico de una curiosa consistencia
contrapuntística, la imaginación trabajando zonas
del plano que remedan contrastes tímbricos, a veces casi
imperceptibles, más obvios con el ataque firme o suave de
los dedos; otras, descubre que el índice de la mano derecha
introducido en el cuello de una botella, cuya articulación
roza, con cierta astucia, el marco de madera de una puerta, procura
un sonido amplificado en el cuerpo de la botella, semejante a un
bordón de abejas en coro ideal para un bajo sin definir su
centro armónico".
Para finalizar este ciclo y por la importancia del mismo, le dedicaremos
la próxima Estampa al Tres, la guitarra cubana.
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Parte V - Il Tres.
A esa guitarra se le ha hecho una modificación
en cuanto a la afinación
de sus cuerdas, y así afinándolas en tres cuerdas
dobles, tenemos el Tres
(Dra. Elena Perez Sanjurjo, Historia de la música cubana).
En Cuba no sólo se han creado instrumentos musicales de
percusión, descendientes directos de los que se usaban en
las tribus africanas, también tenemos un instrumento de cuerda
muy hispánico al que nombramos Tres. Se deriva de la guitarra
española. La Dra. Sanjurjo explica que se afina en "tres
cuerdas dobles", siendo el instrumento indispensable para acompañar
ritmos cubanos conjuntamente con la guitarra española. (Se
refiere al Son, la Guajira de salón, el Zapateo, etc.). "La
Guitarra cuando está acompañando al Son cubano (...)
tiene una función percutante, dejando que el Tres siga el
canto melódico adornándolo con cadencias y melismas"
(Todo ésto lo dijo antes Carpentier).
Relataba además Alejo Carpentier en "La Música
en Cuba" publicado en 1946, que el nacimiento del Tres se debe
al año 1562, cuando se populariza "El Son de la MaTeodora",
creado por aquellas negras horras, Teodora y Micaela Ginés,
que fundaron en Santiago de Cuba una de las más famosas y
escasas orquestas de la época. "Un detalle interesante:
su bandola parece haber perdido dos órdenes de cuerdas, transformándose
en un instrumento similar al tres, que aún se usa profundamente
en la música popular cubana. Si las coplas son de herencia
española, los rasgueos son de inspiración africana.
Los dos elementos, puestos en presencia, originan el acento criollo".
Para corroborar su función en otra de sus páginas
nos dice: "Así, en el Son cubano, como en la Samba brasileña,
las guitarras tienen una función más percutante que
melódica. Los contrabajistas de orquestas callejeras no usan
el arco. Sólo el Tres, derivado de la antigua guitarra de
cuatro cuerdas, suele seguir al canto, adornándolo con cadencias
y melismas" (De aquí debe haberlo tomado la Dra. Sanjurjo
para enriquecer su estupendo libro).
Y aunque confieso no me gusta Alberto Muguercia porque me he dado
cuenta que en algunos de sus escritos se omite lo que no le conviene
al gobierno comunista de Cuba, (como en "Rita Montaner, genial
intérprete de la música cubana", revista Bohemia,
1978) y para no hacer lo mismo que él, debemos usar parte
de unos testimonios que dice recogió sobre el Tres para ampliar
este estudio: "Los primitivos eran hechos con cajas de madera
de las usadas para envasar bacalao. El brazo se hacía de
una madera más fuerte y las cuerdas de curricán encerado.
Nené Manfugás, personaje casi legendario, lo tocaba
sobre 1892, por las calles de Santiago de Cuba, traído de
Baracoa".
Al parecer Nené Manfugás fue muy popular en el carnaval
de Santiago de Cuba desde el año 1892 donde ejecutaba "un
instrumento rústico de tres cuerdas dobles y una caja de
madera llamado tres".
En una magnífica página cibernética (Web Page)
llamada ConClave de Rafael Figueroa Hernández, narra que
el Tres es un "...instrumento derivado de la guitarra, que
desempeña la labor melódica y de contrapunto a las
voces y que más que ningún otro ejemplifica el sonido
tradicional del Son cubano".
Siguiendo la navegación cibernética, me encontré
un Glosario Musical en el periódico español El País
y elaborado con mucho cuidado por Carlos Galilea en que dice con
propiedad que el Tres es la "guitarra cubana con tres cuerdas
dobles de acero afinadas por quintas, que se toca con una púa".
Por lo que llego a la conclusión que el Tres es la guitarra
cubana con una influencia marcadamente española en su textura
y africana por el sonido que se le saca.
Estos instrumentos se usaron mayormente en la música rural
además, le agregaron el machete (que percutían con
un cuchillo por el lomo del mismo y con un clavo o varilla por el
dorso); Quijadas (que es el hueso maxilar superior o inferior de
un animal de carga que moviéndose o frotando suavemente se
le saca sonido a los dientes cuando chocan entre sí); "Reja"
o diente o pico de arado (a falta de cencerro le sacaban un sonido
muy similar percutiéndolo generalmente con un clavo de línea).
También se han visto en las congas callejeras del Carnaval
y antiguamente en el Día de Reyes elementos sonoros y rítmicos
como: El Sanmartín (una plancha simple de hierro bien templado
encorvada que se percute con una barita de hierro dando solamente
dos notas); Galleta (tambor similar al bombo, pero más achatado;
Cuchara (de las que también se usan para comer, se hacen
percutir sobre cualquier superficie de madera); Cajón (preferiblemente
de bacalao que sustituye al tambor a falta de éste, percutiéndose
igualmente con las manos); Sartén (dos sartenes pequeños
sujetados a una armazón de madera para poderse apoyar, se
percute con dos baquetas o varillas metálicas o de madera).
No podemos olvidar a la "Corneta China" adaptada a nuestra
música, como dijera Ortiz "transculturada" que
se introdujo primeramente en las comparsas asiáticas del
barrio chino habanero y alrededor de 1910, fue llevada a Santiago
de Cuba "por los soldados del ejército permanente"
para prendarse de las congas orientales como elemento principal.
Emite cinco notas de tono agudo penetrante con timbre gangoso.
Como habrán comprobado es indudable el ingenio del cubano
para crear sus propios instrumentos musicales y tantos ritmos populares
que le han dado la vuelta al mundo.
María Argelia Vizcaíno:
Vida y Obra
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